
Huellas difusas (poesía, 2016)
“Sabemos por las almas de todos los tiempos, y por la figura bíblica evocada de la virtud del arpa poética para espantar demonios. Una potestad catártica reside en la poesía, que faculta a sus posesos de una obsesión por nombrar raramente la vida mientras se vive, y en esa denominación del instante, vedar acaso la urgencia de la muerte.
No se limita a lo oscuro y pesaroso esta providencia estética. Abarca las sonrisas oníricas, los amaneceres en la tierra del amor, la polifonía de las ilusiones, la cotidiana fantasmagoría de la felicidad, el soberbio desenfado del corazón, las tardes extintas del hogar, el arrullo de la parca; todas las versiones de la emoción humana se congregan en la semilla lírica que (…) Víctor Escarramán también ha hecho suya, al poner en nuestras manos este poemario.
Esta característica de poder localizar en el espacio del verso tantas especies de la flora de los sentimientos es lo que el bardo italiano Salvatore Quasimodo describía como «la piedad mudable del canto». Al sumergirme en los poemas de Escarramán, me he sentido testigo de un bosquejo de su propio universo y de esa multiplicidad paranoica de elevaciones y abismos que se alternan en la vida y se reflejan en sus textos. Escribir en la derrota y en el júbilo, en el suspenso y la suspensión de los sentidos ante el advenimiento de la nada, y en la familiaridad del consabido presente, en el querer y en las tormentas, para la memoria y para el horizonte, versificar y vivir dejando «huellas difusas».”
Juan H. Inirio
febrero 2016